Estados Unidos casi no importa petróleo a través del estrecho de Ormuz y no va a recibir nada en el futuro. No lo necesitamos. No lo hemos necesitado y no lo necesitamos”.
Eso fue lo que dijo el presidente Donald Trump el miércoles pasado durante su discurso en horario estelar desde la Casa Blanca.
“¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o van a vivir en el infierno! ¡YA VERÁN!”
Eso fue lo que publicó Trump el domingo en Truth Social.
El petróleo estadounidense se disparó más de un 11 % el jueves, el día después de su discurso, para cerrar por encima de los US$ 111 por barril: su precio más alto en cuatro años y una de las mayores subidas en un solo día de la historia. El crudo West Texas se había negociado alrededor de los US$ 100 por barril justo antes del discurso de Trump y por debajo de los US$ 70 por barril antes de que comenzara la guerra.
Trump tiene razón en que Estados Unidos depende muy poco del petróleo de Medio Oriente que se transporta a través del estrecho de Ormuz, la estrecha vía marítima por la que normalmente transita el 20 % del petróleo mundial. Estados Unidos obtiene solo alrededor de medio millón de los 20 millones de barriles de crudo que consume cada día a través del estrecho: una cantidad muy baja que podría sustituir con petróleo de otros lugares.
Pero la última amenaza de Trump, cargada de palabrotas, subraya la cruda realidad: la salud de la economía estadounidense depende del estrecho de Ormuz mucho más de lo que el presidente ha admitido.

