Cuando la historia interrumpió la pelota

La tarde del 24 de abril de 1965 no parecía destinada a quedar grabada en la historia. El sol caía con una calma engañosa sobre la ciudad de Santo Domingo, mientras en hogares y colmados se esperaba, como de costumbre, la transmisión del juego de pelota por Radio Universal. Era una rutina casi sagrada.

Pero a la 1:30 de la tarde, la cotidianidad se quebró.

La voz de José Francisco Peña Gómez irrumpió en el aire a través de Radio Santo Domingo Televisión.

Firme, urgente, histórica. Anunció el inicio de la revuelta militar contra el Triunvirato y llamó al pueblo a defender la Constitución. En ese instante, el país cambió de rumbo.

La insurrección, iniciada en los campamentos 16 de Agosto y 27 de Febrero contra el gobierno de facto de Donald Reid Cabral, dejó de ser un movimiento militar para convertirse en una causa nacional.

Así comenzaba la Revolución de abril de 1965.

Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, la vida intentaba seguir su curso.

En los estudios de Radio Universal, ubicados en el Hotel Jaragua, todo estaba listo para narrar el partido entre Milwaukee y Chicago, programado para las dos de la tarde.

Desde Wrigley Field, jugadores como Felipe Alou y el novato Roberto Peña despertaban el interés de la jornada.

La Cadena Nacional Deportiva E. León Jiménez C. por A., en su tercera temporada, tenía todo preparado. Voces como Billy Berroa, Max Álvarez, Tomás Troncoso y Freddy Mondesí sostenían la transmisión con el “play by play” proveniente del servicio telegráfico.

El país seguía cada turno al bate, cada lanzamiento… hasta que la realidad irrumpió con más fuerza que cualquier transmisión.

En Santo Domingo, la tensión crecía. Se hablaba de movimientos militares desde la Base Aérea de San Isidro y el CEFA.

El ambiente se tornaba pesado. En la cabina, el narrador Billy Berroa percibió lo inevitable. Miró al director Ellis Pérez. No hacía falta decir mucho.

Había que detener el juego.

Con profesionalismo y creatividad, Berroa improvisó una escena que pasaría a la historia de la radio dominicana: describió una supuesta tormenta sobre el Wrigley Field.

“Una gran nube negra avanza hacia el terreno… fuertes vientos… comienza a llover… el juego ha sido suspendido”. No era Chicago. Era Santo Domingo el que se cubría de incertidumbre.

La transmisión se apagó. La historia tomaba el control.

Mientras tanto, los cables de prensa informaban que Ernie Banks había impulsado dos carreras en la victoria de los Cubs 3-1 sobre Milwaukee. Pero en República Dominicana, ese resultado apenas importaba.

Desde aquel 24 de abril hasta el 3 de septiembre, el país viviría 132 días de conflictos, marcados por sangre, dolor y transformación.

Incluso las hazañas deportivas, como las victorias de Marichal o los promedios ofensivos de los hermanos Alou, quedaron reducidas a breves menciones en transmisiones internacionales.

La pelota, por primera vez, dejó de ser prioridad.

Aquella tarde soleada demostró que hay momentos en los que la historia exige toda la atención. Y en Santo Domingo, el 24 de abril de 1965, el juego más importante no se jugó en un estadio.

Se jugó en las calles.

Alexander Gomez