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Fallece la reina Isabel II a sus 96 años

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La reina Isabel II falleció hoy a sus 96 años, según informó el Palacio de Buckingham a través de un comunicado en sus redes sociales.

La monarca de 96 años permaneció en el trono del Reino Unido por 70 años, siete meses y tres días.

Los portavoces del Palacio de Buckingham indicaron que la reina falleció en el Castillo de Balmoral en Escocia, su residencia de verano, donde miembros de la familia real llegaron para compartir con ella sus últimos momentos de vida.

“La Reina murió pacíficamente en el Balmoral esta tarde. El Rey y la Reina consorte permanecerán en el Balmoral esta noche y regresarán a Londres mañana”, reza el tuit.

Su hijo de 73 años, el príncipe Carlos, automáticamente se convierte en rey, aunque su coronación podría ocurrir meses después y eligió llamarse Carlos III.

La BBC transmitió el himno nacional británico “God Save the Queen”, con un retrato de la monarca con su atuendo real completo cuando fue anunciada su muerte, y se colocó la bandera a media asta en el Palacio de Buckingham para marcar el fin de la segunda era isabelina.

Más temprano, los portavoces de la monarca indicaron que estaban “preocupados por la salud de Su Majestad”.

Sus hijos, el príncipe Carlos y la princesa Ana, Camila -esposa de Carlos- estuvieron presentes en el último suspiro de la reina. También otros integrantes de la Casa Real, tales como el príncipe Guillermo, al igual que su hermano, el príncipe Enrique, su esposa Meghan, y el príncipe Andrés.

Esto sucede un día después de que la reina de 96 años canceló una reunión de su Consejo Privado y le recomendaron descansar. El martes, presidió la entrega ceremonial del poder a la nueva primera ministra de Gran Bretaña, Liz Truss.

En horas de la mañana, Truss había comentado a través de su cuenta oficial de Twitter que «todo el país está profundamente preocupado por las noticias del Palacio de Buckingham».

«Mis pensamientos, y los pensamientos de las personas en todo el Reino Unido, están con Su Majestad, la Reina y su familia en este momento», añadió la primera ministra.

La reina Isabel II cumplió siete décadas en el trono este año. Ha cedido cada vez más deberes a su heredero, el príncipe Carlos, y a otros miembros de la familia real en los últimos meses, debido a que estuvo delicada de salud.

Operación Puente de Londres

Entretanto, el pasado año el periódico digital POLÍTICO reveló detalles sobre el protocolo -que había permanecido en secreto- que se llevará a cabo tras el fallecimiento de Isabel Alejandra María Windsor, nombre completo de la reina.

“El puente de Londres ha caído”. Ese será el aviso para cuando la monarca, la reina Isabel II, haya muerto. Entonces se iniciará la “Operación London Bridge”.

Estos son los detalles completos de la operación “London Bridge” y la operación “Spring Tide”. De manera interna, el día de la muerte de la reina Isabel II se denominará “Día D” y cada uno de los siguientes hasta el funeral se llamará “D+1”, “D+2” y así sucesivamente.

Así será el día a día de la operación London Bridge:

Día D

En las horas siguientes a la muerte de la monarca se producirá el “call cascade” (cascada de llamadas) en donde se le informará a la primera ministra, al secretario del gobierno (funcionario de mayor rango del Reino Unido) y a otros funcionarios del fallecimiento.

La primera ministra será informada por el secretario de la reina (portavoz de prensa).

Asimismo, la Casa Real emitirá una notificación oficial dando la noticia al pueblo británico.

Habrá un guion para las llamadas de los secretarios permanentes de las diferentes agencias en el cual se explica cómo dar la noticia a sus funcionarios.

Un extracto del guion dice así: “Acabamos de ser informados del fallecimiento de su Majestad la Reina”.

Los funcionarios de más alta jerarquía recibirán un correo electrónico del secretario del gabinete, cuyo borrador reza lo siguiente: “Estimados colegas, les escribo con tristeza para informarles del fallecimiento de Su Majestad la Reina”.

Al recibir este correo electrónico, las banderas de todo Whitehall -una calle de la ciudad de Westminister- se bajarán hasta media asta. El plan contempla que no tenga a un oficial de bandera a tiempo completo, lo que significaría que durante ese periodo se podrá utilizar contratistas para la función.

El objetivo es que todo esto suceda aproximadamente en 10 minutos, según el documento del plan. De igual forma, las asambleas legislativas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte cancelarán sus sesiones.

En este plan también estarán relacionadas las redes sociales del Palacio de Buckingham (Facebook, Instagram y Twitter), donde todas las plataformas se volverán negras y todos los tuits se pausarán excepto los ya acordados. Pero habrá silencio hasta que la primera ministra hable públicamente.

La primera ministra dará su discurso televisado para rendirle homenaje a la reina Isabel II.

De igual modo, el portal de la familia real cambiará a una página negra con un breve comunicado confirmando la muerte.

El portal de gobierno del Reino Unido reflejará un ‘banner’ negro en la parte superior y todas las páginas gubernamentales en las redes sociales también mostrarán un banner negro.

También, cambiarán sus fotos de perfil por el escudo de su departamento.

De la misma forma, la familia real anunciará los planes para el funeral de la reina, que se espera que se celebre 10 días después de su fallecimiento.

El ministro de Defensa dispondrá que se realicen disparos de salva y se anunciará un minuto de silencio nacional.

Luego de esto, la primera ministra tendrá una audiencia con el nuevo rey, que -de momento- será el príncipe Carlos, según marca la línea de sucesión y salvo que la monarca, antes de morir, decida que sea su nieto William quien la suceda en el trono, una posibilidad que se ha barajado debido a la baja popularidad de Carlos.

Al mismo tiempo, habrá un servicio de recuerdo en la catedral de San Pablo —en el centro de Londres— en donde asistirá la primera ministra y un grupo reducido de funcionarios, según aseguraron fuentes a POLÍTICO.

Día D+1

En el horario de las 10:00 de la mañana (día después del fallecimiento) el Consejo de Adhesión —que incluye altos cargos del Gobierno— se reunirán en el Palacio St. James, en Londres, para proclamar al príncipe Carlos -según la línea de sucesión- como el nuevo rey de Reino Unido.

En esta ceremonia, la primera ministra y los ministros de alto rango deberán asistir vestidos de traje con corbata negra u oscura y no deben usar ninguna condecoración o medallas.

Luego, se leerá la proclamación en el Palacio de St. James, confirmando que el país tiene un nuevo monarca.

El Parlamento se reunirá para acordar un mensaje de condolencia —todos los asuntos parlamentarios se suspenderán durante 10 días—.

A las 3:30 de la tarde la primera ministra y el gabinete mantendrán una audiencia con el nuevo rey.

Día D+2

El féretro de la reina volverá al Palacio de Buckingham, dependiendo de dónde haya fallecido la reina.

Si la reina muere en Sandringham –su residencia en Norfol- su cuerpo será transportado en el tren real hasta la estación St. Pancras en Londres, donde su ataúd será recibido por el primer ministro.

Si muere en Balmoral -Escocia- se activará la Operación Unicornio: el cuerpo será transportado a Londres en el tren real. De no activarse esta operación, se estará llevando a cabo la Operación Overstudy, que significa que el féretro será trasladado en avión y la primera ministra asistirá a una recepción para recibir el ataúd.

Si su majestad muere en el Castillo de Windsor -donde estuvo en una burbuja anticovid desde el comienzo de la pandemia, su cuerpo será trasladado a la capital en auto.

Día D+3

El nuevo rey tendrá una gira por todo Reino Unido en horas de la tarde. También, recibirá la moción de condolencias en Westminster Hall que comenzará con una visita al parlamento escocés y un servicio religioso en la catedral de San Gil de Edimburgo.

Día D+4

El rey llegará a Irlanda del Norte donde recibirá una moción de condolencias, esta vez en el Castillo de Hillsborough y asistirá a un servicio en la Catedral de Santa Ana de Belfast.

Mientras tanto, esta fase tendrá lugar para el ensayo de la operación Lion, que incluye la procesión del féretro de la reina desde el Palacio de Buckingham hasta el Palacio de Westminster.

Día D+5

En esta fase del plan, la fenecida tendrá una ruta ceremonial por todo Londres hasta llegar al Palacio de Westminster.

Día D+6 hasta el D+9

El cuerpo de la monarca permanecerá en el Palacio Westminster durante tres días en la llamada Operación Feather.

Su ataúd se colocará en un catafalco oscuro, un marco de madera decorado que sostiene el ataúd de una persona distinguida durante un funeral o mientras está acostado, para que sea más fácil para el público que entra en fila pueda ver el ataúd.

Allí, las puertas permanecerán abiertas 24 horas al día para que el público presente sus respetos.

Mientras que en los días subsiguientes, el rey viajará hasta Gales para recibir más condolencias en el parlamento galés y asistirá a un servicio religioso en la catedral de Liandaff en Cardiff.

Durante todo este periodo, las agencias gubernamentales estarán en los preparativos del funeral.

Asimismo, el Ministerio de Asuntos Exteriores se encargará de la llegada de los jefes de Estados y personalidades del extranjero y de cómo organizar la entrada de turistas al país.

El Ministerio de Interior es el responsable de las medidas de seguridad en conjunto con la secretaria de Seguridad Nacional y los servicios de Inteligencia.

El Departamento de Transporte también advirtió que Londres estará «lleno», con trenes y autobuses colmados de personas que inundarán la capital para llorar a la reina y luego se alinearán en las calles para el funeral.

Día D+10

El funeral de Estado se celebrará en la abadía de Westminster y será un “Día de duelo nacional”.

En horas del mediodía se guardarán dos minutos de silencio en todo el país y la reina Isabel II será enterrada en la capilla conmemorativa del rey Jorge VI junto a su esposo, el príncipe Felipe, quien falleció el 9 de abril pasado de 2021.

Este plan se creó por primera vez en la década de 1960, pero nunca se había publicado con tanto detalle como hasta ahora.

70 años en el trono

El impacto de la pérdida de Isabel será enorme e imprevisible para el país y para la monarquía, una institución que logró guiar a través de décadas de enorme cambio social y escándalos familiares.

La vida de la reina estuvo indeleblemente marcada por la guerra. Como princesa, Isabel hizo su primera transmisión pública en 1940 cuando tenía 14 años para enviar un mensaje a los niños evacuados al campo o a otros países.

“Nosotros, los niños en casa, estamos llenos de alegría y valentía”, dijo con una mezcla de estoicismo y esperanza que haría eco a lo largo de su reinado. “Estamos tratando de hacer todo lo posible para ayudar a nuestros gallardos soldados, marineros y oficiales de las fuerzas aéreas. Y también tratamos de soportar nuestra propia carga de peligro y tristeza de la guerra. Sabemos, cada uno de nosotros, que al final todos estaremos bien”.

Desde el 6 de febrero de 1952, Isabel reinó sobre una Gran Bretaña que se reconstruyó de la guerra y perdió su imperio; se incorporó a la Unión Europea y también la dejó; se transformó de una potencia industrial en una sociedad incierta del siglo XXI. Ante ella desfilaron más de una decena de primeros ministros, de Winston Churchill a Boris Johnson, convirtiéndose en una institución y un ícono, un punto fijo y una presencia reconfortante incluso para aquellos que ignoraban o detestaban a la monarquía.

Se volvió menos visible en sus últimos años, cuando la edad y la fragilidad redujeron considerablemente sus apariciones públicas. Pero se mantuvo firmemente en control de la monarquía y como una parte esencial de la vida nacional de Gran Bretaña, celebró su Jubileo de Platino, por sus 70 años en el trono, con días de fiestas y desfiles en junio de 2022.

Ese mismo mes se convirtió en la segunda monarca con el reinado más largo de la historia, detrás de Luis XIV, rey de Francia en el siglo XVII, quien ascendió al trono a los 4 años. El 6 de noviembre de 2022, Isabel presidió una ceremonia en el Castillo de Balmoral para aceptar la renuncia del primer ministro Johnson y designar a Liz Truss como la 15ª primera ministra en función durante su reinado.

Cuando tenía 21 años, casi cinco años antes de su coronación, les prometió a los pueblos de Gran Bretaña y de la Mancomunidad de Naciones que “toda mi vida, ya sea larga o corta, estaré dedicada a su servicio”.

Fue una promesa que cumplió durante más de siete décadas.

A pesar de las complejas y a menudo frágiles relaciones de Gran Bretaña con sus antiguas colonias, Isabel gozaba de respeto general y se mantuvo como jefa de Estado de más de una decena de países, de Canadá a Tuvalu. Encabezó la Mancomunidad de Naciones de 54 integrantes construida alrededor de Gran Bretaña y sus antiguas colonias.

Estuvo casada durante más de 73 años con el príncipe Felipe, quien falleció en abril de 2021 a los 99 años. Isabel era la matriarca de una familia real cuyos problemas eran objeto de fascinación mundial, amplificados por versiones de ficción en series como “The Crown”. A Isabel le sobreviven cuatro hijos, ocho nietos y 12 bisnietos.

A través de innumerables eventos públicos conoció posiblemente a más gente que ninguna otra persona en la historia. Su imagen, que adornaba sellos postales, monedas y billetes, era una de las más reproducidas en el mundo.

Pero su vida íntima y opiniones fueron siempre poco menos que un enigma. De su personalidad el público veía muy poco. Era propietaria de caballos y pocas veces parecía más feliz que durante la semana de carreras del Royal Ascot. Tampoco se cansó de la compañía de sus adorados perros corgi galés.

Isabel Alejandra María Windsor nació en Londres el 21 de abril de 1926, era la primogénita del duque y la duquesa de York. No nació para ser reina, ya que el hermano mayor de su padre, el príncipe Eduardo, estaba destinado a la corona y se suponía que la heredarían los hijos que tendría.

Pero en 1936, cuando Isabel tenía 10 años, Eduardo VIII abdicó al trono para casarse con la estadounidense dos veces divorciada Wallis Simpson, de modo que el padre de Isabel fue coronado como Jorge VI.

La princesa Margarita recordaba preguntarle a su hermana si esto significaba que algún día sería reina. “Sí, supongo que sí” dijo Margarita recordando a su hermana. “No lo volvió a mencionar”.

Isabel comenzaba su adolescencia cuando Gran Bretaña entró en guerra con Alemania en 1939. Aunque el rey y la reina permanecieron en el Palacio de Buckingham durante el bombardeo del Blitz y visitaron los barrios atacados de Londres, Isabel y Margarita pasaron la mayor parte de la guerra en el Castillo de Windsor, al oeste de la capital. Incluso ahí cayeron unas 300 bombas en un parque adyacente, y las princesas pasaron muchas noches en un refugio subterráneo.

En 1945, luego de rogar a sus padres durante meses que le permitieran apoyar las tareas de la guerra, la heredera del trono se convirtió en la suboficial segunda Isabel Alejandra María Windsor en el Servicio Territorial Auxiliar. Isabel aprendió con entusiasmo a conducir y dar mantenimiento a vehículos pesados.

La noche que terminó la guerra en Europa, el 8 de mayo de 1945, Isabel y Margarita lograron mezclarse, sin ser reconocidas, con la multitud que celebraba en Londres “llevadas por una ola de felicidad y alivio”, dijo a la BBC décadas después, al describir “una de las noches más memorables de mi vida”.

En noviembre de 1947 se casó en la Abadía de Westminster con el oficial de la armada real Felipe Mountbatten, príncipe de Grecia y Dinamarca, a quien había conocido en 1939 cuando ella tenía 13 años y el 18. En la posguerra Gran Bretaña enfrentaba austeridad y racionamientos, de modo que la decoración en las calles fue limitada y no se declaró un día de asueto público. Pero a la novia se le permitieron 100 cupones extra de raciones para su ajuar.

La pareja vivió por un tiempo en Malta, donde Felipe prestaba servicio en la armada, e Isabel disfrutó una vida casi normal como esposa de un oficial. El primero de sus cuatro hijos, el príncipe Carlos, nació el 14 de noviembre de 1948. Le siguieron la princesa Ana el 15 de agosto de 1950, el príncipe Andrés el 19 de febrero de 1960 y el príncipe Eduardo el 10 de marzo de 1964.

En febrero de 1952, Jorge VI murió mientras dormía a los 56 años tras años de enfermedad. Isabel recibió en Kenia, donde se encontraba de visita oficial, la noticia de que sería la próxima monarca.

Su secretario privado, Martin Charteris, recordó después encontrar a la nueva monarca en su escritorio, “sentada erguida, sin lágrimas, con un poco de rubor, aceptando totalmente su destino”.

“De alguna manera no tenía un aprendizaje”, reflexionó Isabel durante un documental de la BBC de 1992 que abrió una rara ventana hacia sus emociones. “Mi padre murió muy joven, así que todo fue una manera muy repentina de asumir y hacer el mejor trabajo posible”.

La coronación de Isabel, que se realizó más de un año después, fue un gran espectáculo en la Abadía de Westminster visto por millones a través del medio relativamente nuevo de la televisión.

La primera reacción del primer ministro Winston Churchill a la muerte del rey fue reclamar que la nueva reina era “solo una niña”, pero Isabel se lo ganó a los pocos días y eventualmente él se volvió uno de los fervientes admiradores de la reina.

En la monarquía constitucional de Gran Bretaña, la reina es la jefa de Estado, pero tiene poco poder directo, y en sus actos oficiales cumple lo que le ordena el gobierno. Sin embargo, no carecía de influencia. Alguna vez comentó que no había algo que pudiera hacer para bloquear legalmente la designación de un obispo, “pero siempre puedo decir que me gustaría tener más información, y ese es un indicador que el primer ministro no pasará por alto”.

La magnitud de la influencia política de la monarca ocasionalmente llevaba a especulación, pero no a muchas críticas mientras estuvo viva. Los puntos de vista de Carlos, quien ha expresado opiniones fuertes sobre todo tipo de temas, desde arquitectura al medioambiente, podrían ser más conflictivos.

Isabel tenía la obligación de reunirse semanalmente con el primer ministro, y generalmente este la encontraba bien informada, curiosa y actualizada. La única posible excepción fue Margaret Thatcher, de quien se decía tenía una relación fría, si no es que congelada, con la reina, aunque ninguna de las dos hizo comentarios al respecto.

Las opiniones de la reina en esas reuniones privadas fueron objeto de grandes conjeturas y un terreno fértil para dramaturgos como Peter Morgan, autor de la obra “The Audience” y de la popular serie “The Crown”. Esas versiones semificticias eran producto de una era en que disminuía la deferencia a la familia real, cuyos miembros se convertían en figuras de la farándula y sus problemas eran del dominio público.

Y hubo bastantes problemas dentro de la familia, una institución conocida como “La firma”. En los primeros años de Isabel en el trono, la princesa Margarita provocó una controversia nacional por su romance con un nombre divorciado.

En 1992, el año que la reina calificó como “annus horribilis”, su hija la princesa Ana se divorció, el príncipe Carlos y la princesa Diana se separaron y también lo hizo el príncipe Andrés de su esposa Sarah. Ese mismo año el Castillo de Windsor, una residencia que a la reina le gustaba mucho más que el Palacio de Buckingham, sufrió graves daños en un incendio.

 

A la separación pública de Carlos y Diana —“en nuestro matrimonio éramos tres”, dijo Diana sobre la relación de su esposo con Camilla Parker-Bowles— siguió el shock de la muerte de la “princesa del pueblo” en un accidente automovilístico en París en 1997. Esa vez la reina parecía fuera de sintonía con su pueblo.

En medio de un luto sin precedentes, muchos consideraron que la incapacidad de Isabel para dar una muestra pública de dolor era una falta de sensibilidad. Tras varios días, finalmente dio un discurso a la nación transmitido por televisión.

La mella en su popularidad fue breve. Para esas alturas era considerada una especie de abuela nacional, con una mirada penetrante y una sonrisa dulce.

A pesar de ser una de las personas más ricas del mundo, Isabel tenía fama llevar una vida frugal y seguir al sentido común. Era una monarca conocida por apagar luces en habitaciones vacías y una mujer de campo que no tenía miedo de estrangular faisanes.

Un reportero de un diario, que fue a trabajar de manera encubierta como lacayo en el palacio, confirmó la imagen de esa Isabel con los pies en la tierra, capturando fotografías de recipientes de plástico en la mesa del desayuno real y de un pato de plástico en una bañera.

La sangre fría de Isabel no se alteró cuando un joven le apuntó con una pistola y disparó seis salvas mientras ella montaba un caballo en 1981, ni cuando descubrió a un intruso perturbado sentado en su cama en el Palacio de Buckingham en 1982.

La imagen de la reina como un ejemplo de la decencia británica fue satirizada por la revista Private Eye, que la llamó Brenda. Aquellos que se oponían a la monarquía la llamaban “Señora Windsor”. Pero la causa republicana tuvo poco impulso mientras ella estuvo viva.

En su Jubileo de Oro en 2002, dijo que el país debería “volver la vista con orgullo mesurado sobre la historia de los últimos 50 años”.

“Han sido 50 años bastante memorables bajo cualquier criterio”, dijo en un discurso. “Ha habido buenos y malos momentos, pero cualquiera que pueda recordar cómo eran las cosas después de esos seis largos años de guerra, aprecia los enormes cambios que han sido logrados desde entonces”.

Una presencia reconfortante en casa, era también un emblema de Gran Bretaña en el extranjero, una forma de poder suave, respetada siempre cualesquiera que fuesen los caprichos de los líderes políticos del país en el escenario mundial. Cuando apareció en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 junto a James Bond, el gesto pareció apropiado. Gracias a la magia del cine parecía que la reina había llegado en paracaídas al Estadio Olímpico.

En 2015 superó el reinado de su tatarabuela, la reina Victoria, quien estuvo en el trono durante 63 años, siete meses y dos días, para convertirse en la monarca con el reinado más largo de la historia de Gran Bretaña. Siguió trabajando hasta entrada en su 10ma década de edad, aunque el príncipe Carlos y el hijo mayor de este, el príncipe Guillermo, se hicieron cargo de algunas de las visitas, inauguraciones e investiduras que forman parte de los deberes reales. La pérdida de Felipe a comienzos de 2021 fue un duro golpe para la reina, quien tristemente se sentó sola en su funeral en la Capilla del Castillo de Windsor bajo las medidas sanitarias de la pandemia de coronavirus.

Isabel gozó de una excelente salud hasta entrada en sus años 90, aunque se le pudo ver usando un bastón durante una aparición tras la muerte de Felipe. En octubre de 2021 pasó una noche en un hospital de Londres para que le realizaran exámenes tras cancelar un viaje a Irlanda del Norte.

Los problemas de la familia no cesaron. Su hijo, el príncipe Andrés, se vio involucrado en la sórdida historia del abusador sexual y empresario estadounidense Jeffrey Epstein, del que había sido amigo. Andrés negó las acusaciones sobre que tuvo sexo con una mujer que afirmaba haber sido traficada por Epstein.

El nieto de la reina, el príncipe Enrique, se alejó de Gran Bretaña y de sus deberes reales después de casarse en 2018 con la actriz estadounidense Meghan Markle. Enrique afirmó en una entrevista que alguien en la familia, aunque no la reina, había sido poco amable con su esposa.

La reina gozó de una salud envidiable hasta bien entrada en sus años 90 aunque se le pudo ver usando un bastón tras la muerte de Felipe. En octubre de 2021, pasó una noche en un hospital de Londres después de cancelar un viaje a Irlanda del Norte.

Unos meses después dijo a los invitados a una recepción “como pueden ver, no me puedo mover”. El palacio, que no compartió muchos detalles, dijo que la reina estaba experimentando “problemas de movilidad”.

Siguió teniendo reuniones virtuales con diplomáticos y políticos desde el Castillo de Windsor, pero sus apariciones públicas se hicieron cada vez más raras. La reina se retiró de fechas obligadas del calendario real, incluyendo el Domingo de Conmemoración y las ceremonias del Día de la Mancomunidad, aunque asistió a una misa memorial para el príncipe Felipe en la Abadía de Westminster.

Mientras tanto tomó medidas para prepararse para la transición. En febrero de 2022, la reina anunció que quería que la esposa de Carlos, Camila, fuera conocida como “reina consorte” cuando “llegue el momento” de que su hijo sea rey. Esto retiró las dudas sobre el papel de la mujer que algunos culparon por la ruptura del matrimonio de Carlos con la princesa Diana en la década de 1990.

En mayo de 2022 hubo otro momento simbólico cuando la reina pidió a Carlos que la supliera y leyera su discurso en la ceremonia de apertura del Parlamento, uno de los deberes constitucionales más importantes de la monarca.

Siete décadas después de la Segunda Guerra Mundial, Isabel estaba nuevamente en el centro del ánimo nacional en medio de la incertidumbre por la pandemia de covid-19, una enfermedad de la que ella misma se contagió en febrero de 2022.

En abril de 2020, durante el cierre del país y con el primer ministro Boris Johnson hospitalizado, la reina hizo una rara aparición en video instando a la gente a mantenerse unida.

Isabel invocó el espíritu de la Segunda Guerra Mundial, ese importante momento en su vida y en el del país, al parafrasear la popular canción de la época de la guerra “We’ll Meet Again” de Vera Lynn.

“Debemos reconfortarnos en el hecho de que a pesar de que podría haber más cosas que tengamos que soportar, llegarán mejores días. Estaremos nuevamente con nuestros amigos. Estaremos nuevamente con nuestras familias. Nos encontraremos de nuevo”, dijo.

Con información de Associated Press

 

 

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