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Cada vez más estadounidenses negros dispuestos a vacunarse

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Al igual que otros en su familia, Mattie Pringle dudaba sobre si se vacunaría para el coronavirus. La mujer negra de 57 años, residente de Myrtle Beach, Carolina del Sur, temía que su hipertensión y su diabetes la hicieran más propensa a sufrir una mala reacción a la inyección. Lo acelerado del desarrollo y la aprobación de las vacunas también alimentó su escepticismo.

Entonces, un miembro de la iglesia de Pringle, un líder local de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP por sus iniciales en inglés) que ha encabezado una campaña de vacunación dirigida a la comunidad negra, le pidió que reconsiderara. Le compartió una noticia sobre Kizzmekia Corbett, una científica negra del gobierno que tuvo un papel clave en el desarrollo de la vacuna de la farmacéutica Moderna.

“Eso fue lo que me hizo cambiar de parecer”, dijo Pringle, que finalmente hizo una cita para recibir su primera dosis el jueves. “Tuve que orar y me sentí mejor después”.

Las campañas dirigidas a comunidades negras en todo Estados Unidos están consiguiendo avances en el esfuerzo para persuadir a las personas de que las vacunas para el COVID-19 son inocuas y eficaces. Con millones de dólares en asistencia del gobierno del presidente Joe Biden, los grupos locales han llamado a la población negra a vacunarse y superar lo que para algunos es una desconfianza histórica hacia el gobierno y la ciencia.

Una encuesta realizada por The Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research a finales de marzo reveló que alrededor del 24% de los adultos estadounidenses negros dijeron que probablemente o definitivamente no se vacunarían. La cifra descendió fuertemente con respecto al 41% registrado en enero.

Las cifras más recientes muestran que la proporción de negros estadounidenses que se inclinan a no vacunarse es similar a la de los blancos —26%— y la de los hispanos: 22%.

El doctor Georges Benjamin, director ejecutivo de la Asociación de Salud Pública de Estados Unidos, dijo que las actitudes hacia la vacuna entre los afroestadounidenses han dado “un giro de casi 180 grados” luego de campañas de divulgación para combatir la desinformación.

Benjamin dio crédito a los médicos, líderes religiosos y otros organizadores comunitarios negros por ser mensajeros confiables durante la pandemia, que ha matado a más de 550.000 personas en Estados Unidos.

“Es el mensajero y el mensaje”, pero el mensajero “es quizás la parte más importante y las personas haciéndolo de una manera que no sonara a sermón”, dijo Benjamin. “Ellos no les dijeron a las personas ‘ustedes tienen que vacunarse porque es su deber’. Básicamente dijeron: ‘tienen que vacunarse para protegerse y proteger a sus familias’”.

Para tranquilizar a la gente, algunas de las campañas más eficaces han dependido de relaciones comunitarias existentes, como médicos locales hablando sobre sus propias decisiones de vacunarse, explicó la doctora Lisa Cooper, directora del Centro Johns Hopkins por Equidad en la Salud.

Miembros de la comunidad en el área de Baltimore que conocían a Cooper por sus estudios sobre alimentos y nutrición confiaban en ella como fuente de información sobre el COVID-19, dijo.

Basadas en esa relación, “las personas se sentían cómodas escuchándolo de mi parte”, afirmó.

Algunos departamentos de salud de los estados han lanzado anuncios públicos dirigidos a las comunidades de personas no blancas. Los capítulos de la NAACP en algunas ciudades han hecho citas para que personas se vacunen. Pastores en iglesias negras han llamado a sus feligreses a vacunarse.

En Brunswick, Georgia, aparecieron las imágenes de los rostros del reverendo John Perry y otro pastor negro en una valla que promovía las vacunaciones y se enviaron postales con una imagen similar a los residentes. Ambos esfuerzos fueron producidos por el Departamento de Salud de Georgia.

“Creo que aún tenemos suficientes personas que dudan, pero que van a ceder y ser vacunados”, dijo Perry, que inicialmente quería esperar un año antes de inocularse, pero cambió de parecer tras leer sobre cómo fueron desarrolladas las vacunas. El recibió su segunda dosis el miércoles.

Sin embargo, Jason Pettibone, un barbero negro en la comunidad costera de Perry en Georgia, sigue dudando.

Sus padres y una hermana ya se vacunaron, sin sufrir efectos secundarios, pero Pettibone dijo que lo que le han comentado algunos clientes —incluso uno que jura que su padre perdió toda sensación en el lado derecho de su cuerpo— han hecho difícil que supere su desconfianza.

“En mi cabeza pienso que vacunarme no solamente sería bueno para mí, porque no quiero enfermarme, sino para proteger a otras personas que vienen a la barbería”, dijo. “Pero es lo desconocido. Todo el mundo teme lo desconocido”.

En Savannah, Georgia, la activista comunitaria Natavia Sanders dijo que las campañas pueden tener el efecto opuesto, con algunos en la comunidad negra que sospechan que el gobierno los está usando como sujetos de pruebas en lugar de estar tratando de proteger su salud. Parte de ese escepticismo se deriva de un estudio tristemente célebre en Tuskegee, Alabama, en el cual el gobierno dejó sin tratamiento durante 40 años a centenares de hombres negros con sífilis con el objetivo de estudiarlos.

Sanders declinó decir si se iba a vacunar. Dice que ha hablado con varias personas que tuvieron que ser hospitalizadas con COVID-19, pero que aún tiene dudas sobre las vacunas.

“Así está la gente de escéptica”, dijo. “Dicen: ‘No, lo combato yo solo. Ya lo hice”.

P.M. Browner se vacunó el miércoles en Clarksdale, Mississippi. La mujer negra de 88 años no entiende por qué tiene que vacunarse si no está enferma ni convive con personas enfermas.

Aun así, aceptó vacunarse. Dijo creer que las vacunas serán obligatorias al final y que quiere seguir socializando en un centro local para ancianos.

“Si no tienes nada, ¿por qué tienes que recibirla?, dijo Browner. “Pero lo hacemos porque más adelante ellos van a decir ‘Tienes que hacerlo’. Si no lo haces, pienso que más adelante vas a tener que hacerlo”.

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Bynum reportó desde Savannah, Georgia. Ma reportó desde Charlotte, Carolina del Norte. La periodista de The Associated Press Leah Willingham en Clarksdale, Mississippi, contribuyó a este reportaje.

 

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